Carta de No-amor
Por que no te voy a decir que te quiero, por que estoy harta de decirte que te adoro. Por que no es verdad, por que no quiero que nadie comparta mi felicidad contigo, por que no mataría por ti.
Por que todo esto ya lo he hecho. Por que no quiero saber como eres, ya lo sé. Y me gustas por eso. Por que no ansío a ser tu compañera de vida, eso sé que lo soy. Ahora solo quiero ser una parte de tu alma.
No quiero que esto sea una carta de amor cursi y sensibilera, eso me lo guardo para nuestros momentos en la alcoba.
Ansío gritarle al mundo todos tus defectos, para que nadie más se acerque a ti, para que estemos tú y yo solos.
Y no te voy a decir que vivo por ti, eso lo sabes. Te diré por ejemplo que me gusta hacerte el zumo de naranja por la mañana y ver como se te queda el bigote manchado y limpiártelo con un beso lleno de pasión pura.
Me gusta cuando barres la cocina, encuentro cierto erotismo en la forma que tienes de pasar el cepillo por el suelo. Como la ?Danza de los siete velos? en ti parece la danza de los siete escobazos, y en cada uno parece como si intentaras despojarme de una pieza de ropa, que instintivamente se va a tus manos.
Disfruto haciéndote daño, por que así después te puedo pedir perdón y tú lo aceptas con esa sonrisa pícara como diciendo ? He conseguido que vuelvas a bajar del burro? Y sabes la rábia que me da.
Me gusta cuidar de ti y que tú lo hagas conmigo, dejarme llevar por el vaiven de tus suspiros. Esto me ha quedado cursi, pero sabes que en el fondo lo soy un poco.
Gozo, sí, sí ... gozo cuando preparas la comida. Por que lo más divertido de todo, es la cara de bobo que se te pone cuando ves todo lo que has tenido que ensuciar para preparar una tortilla de patatas.
Y no quiero saber cuál es tu libro favorito. Sé que no te gusta leer, con lo cual, paso de que me digas uno cualquiera para que me calle y que cuando llegue tu cumpleaños, te lo compre y te quedes con cara póker.
Hoy saldremos a comprar al super. Poco romántico lo sé, pero entre conservas y aperitivos te susurraré como me gustan los mejillones en escabeche y te tentaré a comprar esos dulces de chocolate amargo con los que nos ensuciamos los dedos y después entre cosquillas y risas nos los lamemos hasta quedar saciados.
Dentro de unos años, pero muchos, aún somos jóvenes, les diré a tus hijos, que durante una época, levantarse un domingo a las 11 de la mañana de la cama era lo más normal. En ese momento lo normal a las 11 de la mañana será estar ya vestidos y paseando por la playa con un cochecito, una pelota, tres palas, dos cubos y cargados de mucha paciencia. Pero serán nuestros hijos, y si nos tenemos que llevar toda la arena de la playa para que sean felices lo haremos.
Y me acuerdo cada mañana del día en que te conocí, esa mirada taciturna, esos ojos tristones, esa corbata manchada, esa media sonrisa, esos zapatos sucios, ese ?Buenos Días? tan desganado, esa carpeta desordenada, llena de papeles. Más que atracción, ese día por ti sentí pena. Fue esa pena la que me dijo que saliera contigo, que todo el mundo tiene que hacer una buena obra, cada semana y yo hice esa. Después descubrí que puede que la buena obra la hicieras tú conmigo, me rescataste de un mundo de monotonía para sumergirme de lleno en una voragine de emociones. No todas buenas, no voy a tirarte demasiadas flores, pero sí que han sido todas intensas.
Despertarme contigo por la mañana, y descubrir en que postura esperpéntica te habrán hecho poner tus sueños. Es como un reto averiguar en que habrás estado soñando. Puede que hayas librado una batalla contra un fantasma imaginario, o que tu jefe te perseguía por toda la ciudad mientras tú gritabas ?No estoy loco, no estoy loco, llegar a la hora al trabajo y hacer horas extras no es estar loco?, o puede que yo haya sido la protagonista con mi manía de que cierres siempre los cajones. Vete tú a saber. Y que abras esos ojos llenos de legañas y me digas que hace falta detergente para la lavadora.
No te voy a escribir una carta de amor romántica, por que no me gustan esas cosas. Creo en cosas más realistas, en el día a día contigo, y en la noche, y en la tarde, bueno a todas horas.
El otro día en el trabajo me acordé de ti. Del primer café que nos tomamos. No paraste de hablar ni un segundo. Por momentos pensé que alguien te estaba dando cuerda, por la forma de hablar. Aunque reconozco que en el fondo me gustó. Mientras tú hablabas y yo te escuchaba, dejé de pensar en los mil problemas que tenia. Aunque no te lo parezca, me serviste para desconectar. Intentando asimilar toda la información que me dabas, me olvidé de pensar en mi misma.
Tendré que ir terminando esta carta de no-amor, por que ante todo no quiero que pierdas demasiado tiempo leiendola. La ropa está por planchar y los cristales del comedor sucios. Así que nos tenemos que poner manos a la obra para después dejarnos caer rendidos en el sofà rojo de casa y dormirnos viendo una película de clase B.
Pero permiteme para despedirme una cursilada. Te quiero.
Berta
Berta