Carta del 19/12/05
Miro de encontrarte en todos los rincones, buscando donde encontrarte, donde volver a verte, una vez más. Mis sueños son un recuerdo de tu sonrisa al hablarme, mis pensamientos son un intento fútil de acercarme a ti ¿Mi lusión? La llegada del día en que me ames como llevo yo tanto amándote ¿Mi temor? Que te olvides de las noches que pasamos juntos ¿Dónde estás que ya no te veo? ¿Dónde fuiste que ya no te encuentro? ¿Cómo pude dejarte marchar sin antes conocerte y robarte tu ilusión? Tú te fuiste con la mía, y ahora yo ya no duermo por las noches, esperando que vuelvas a acostarte junto a mí, besándome hasta dormirme en tus brazos una vez más.
En cada beso un sueño, en cada caricia una ilusión ¿Cuantas de estas cosas te has llevado contigo? No te voy a pedir que me las devuelvas, te las regalo para que envuelvas tu corazón con ellas, y para que una parte de mi esté siempre a tu lado.
Desde que tú te fuiste, la luz del Sol ya no es igual, es más triste, no brilla con la misma fuerza, por que no te ve a mi lado. Me falta mi mitad, mi corazón latiá competo cuando tú estabas cerca, ahora solo medio late, ese medio latido que yo no tengo, lo tienes tú.
Mi vida se apagó un poquito en el momento en que me dijiste el temido "Adiós", esa palabra que no me hubiera gustado escuchar nunca de tu boca. Siempre he pensado que es mejor un "Hasta luego", eso suena menos definitivo. Aunque tú y yo sempamos que lo nuestro es un "Hasta siempre".
Murió la magia, murió el amor, por que tú lo decidiste así. Y mi alma se quedó huerfana en el momento en el que me dejaste ¿Cómo acallar ahora las inmensas ganas que tengo de gritarle al mundo que te amo con toda mi alma? ¿Cómo pedirle a mi subconsciente que asuma que estubiste pero que te marchaste de la misma forma que llegasté? De repente fue ¿Lo recuerdas? Un golpe certero en medio del alma, una herida abierta que sangra sin fin, sin pausa, sin medicina posible para esta enfermedad llamada amor.
¿Cómo olvidar ahora tus besos? ¿Cómo vivir ahora sin tus caricias? Una vez provado el manjar de los Dioses y conocida la perfección, es dificíl conformarse con menos. Añoro el tacto de tu piel sobre la mía, las noches de pasión, esos ojos tuyos, esas manos que me transmitian seguridad. Esa tranquilidad de saber que eras tan mío yo com yo tuya. Esos silencios complices, esas conversaciones a media voz, los nervios de tu proximidad.
Te has ido, ya no estás a mi lado, pero mi alma te sigue recordado como el primer día. Como ese día que te ví allí de pie, esperándme. En mi mente sigues allí de pie, viéndome venir. Yo nerviosa perdida, ansiosa por saber quien era el que podía provocar todas esas sensaciones, que ya había olvidado, dentro de mí.
Miro tus fotografias, y dejo volar mi imaginación. Imagino que aún me hablas, que aún me dejas tocarte ya abrazarte, imagino que cada sonrisa me la dedicas a mí. Anhelaba ser tu compañera de vida, no alguien que te cortara las alas, sino que te las diera.
Siempre me han dicho que si quieres a alguien, debes dejrlo libre, si es tuyo volverá, si no lo es, es que nunca lo ha sido. A veces pienso que realmente nunca fuiste mío, fuiste mi sueño hecho realidad, pero solo eso mi sueño, tú no fuiste realmente mío.
Como una niña me enamoré e ti. No quería saber de que había más allá de este amor, por que simplemente no había nada. Para mí el mundo eramos tú yo. El más dificíl siempre es el último beso, no el primero. Y recuerdo nuestro último beso a diario, lo rememeoro y me recreo en cada uno de sus matizes.
Te quiero,
B
Berta